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Para empezar, he aquí algunos ejemplos de problemas personales:

  • Te acuestas con la sensación de haber tenido un mal día.
  • Hay más preocupaciones que satisfacciones.
  • No tienes amigos.
  • Crees que a la gente no le agrada tu forma de ser.
  • Hay problemas con tu familia.
  • Tienes problemas con tu pareja.
  • Existen problemas con el dinero.
  • No tienes tiempo libre para tus aficiones.
  • Sientes que no vales.
  • No te gusta cómo eres.
  • Te sientes deprimido
  • Estás demasiado ansioso.
  • Tienes algún tipo de fobia.
  • Sufres de insomnio.
  • Tienes obsesiones.
  • Eres adicto.
  • Tienes muchos kilos de más.
  • Eres neurótico.
  • Siempre estás iracundo. Etc., etc.

Pues bien, es hora de cambiar tu punto de vista con respecto a tus problemas. Si fuera fácil olvidar, sería muy fácil empezar de cero.

Por eso, ante cualquier problema personal, la idea no es olvidar, no es temer, menos huir… es ACEPTAR, es ENFRENTAR, CREER y HACER LO POSIBLE, LO NECESARIO, sin mentir y sin mentirse a sí mismo. Hay que ponerse en acción. No hay que pensar mucho las cosas, o analizar cada detalle, cada movimiento, cada palabra. Puede que pierdas experiencia, de la verdadera esencia.

Si tu problema es con una persona:


  • Reconoce claramente qué te molesta tanto de esa persona y analiza por qué.
  • Decide si quieres superar la situación.
  • Si decides que sí, enfría tu cabeza y ve lo que te desagrada como un desafío, y deja de considerarlo una amenaza o una agresión personal.
  • Elabora un plan de acción para acercarte a esa persona de manera objetiva, pues conociéndola mejor tendrás la oportunidad de encontrar aspectos positivos de su personalidad.

Si tu problema es con una situación:


  • Asume desafíos. Anota todas las posibles soluciones.
  • Pide consejo.
  • Cambia tu perspectiva del problema. Puede que encuentres soluciones inesperadas.
  • Aplica las soluciones más probables.