dharma

 

Hoy, más que antes, a menudo oímos decir: “Simplemente no tengo tiempo”. Hay poco espacio para nosotros – ese espacio privado y personal que nos permite saber  qué estamos haciendo en realidad con nuestras vidas, y hacia dónde nos dirigimos.

Casi todo el tiempo nuestra mente “vaga” y está fuera de guardia. Nos invaden pensamientos indeseados y no saludables de tentación y deseo que nos inducen a las malas acciones.

Mientras tanto, La justicia divina continúa siendo ejercida por la Ley de Acción y Consecuencias (Ley de Causa y Efecto). Según esta ley, cualquiera de nuestros actos, buenos o malos tiene consecuencias en esta vida y en las siguientes. Si abundamos en buenas acciones, automáticamente mereceremos una recompensa por nuestras buenas acciones. Pero si abundamos en malas acciones, el resultado será un castigo para nosotros, o sea, sufrimiento, dolor, adversidades, etc. Somos el resultado de lo que sembramos.

Al intuir la Ley de Acción y Consecuencias, el hombre ha tratado de alejarse de los placeres transitorios – generadores de malas acciones – y acercarse hacia metas superiores. Grandes hombres han aparecido de tiempo en tiempo y establecido consejos para liberarnos del mal uso de los sentidos, pues son nuestros sentidos los que nos impele a pecar. Con estas recomendaciones podemos liberarnos poco a poco de las malas acciones y llegar a la divinidad.

Con las buenas acciones nos acercamos a la felicidad, incluso a la felicidad eterna porque se toma en cuenta a un ser superior. Con el tiempo las reglas de conducta se han convertido en religiones que nos ayudan a renunciar a los placeres sensoriales inútiles y tomar un mejor camino que nos conduzca a la dicha eterna. Así es posible vivir en armonía los unos con los otros y aumentamos nuestros méritos en este largo proceso para llegar a ser uno con Dios.

Somos responsables de nuestras acciones


Mediante la Ley de acción y Consecuencia, nos responsabilizamos de nosotros mismos de nuestros actos. Ya no tenemos que culpar a las circunstancias, al destino o a nuestra familia de nuestro fracaso. Teniendo este conocimiento, nos damos el derecho de ir armando nuestra propia vida con la conciencia total de cuál será el resultado final en cada acción. Según la calidad y cantidad nuestros propios actos, mereceremos castigo o recompensa; es decir, dolor o felicidad.

Necesitamos tomar responsabilidad por nosotros mismos. Esta es la clave para mejorar día a día. Tomar responsabilidad de nosotros mismos es hacer algo para mejorar la calidad de nuestra vida.

Causa de nuestras malas acciones


La causa es nuestro Ego que nos hace creer que lo más importante somos nosotros mismos. Por esa razón nos volvemos iracundos, codiciosos, lujuriosos, envidiosos, orgullosos, perezosos, glotones, etc.

La mayoría de las personas que sufren sólo se acuerdan de sus amarguras, deseando remediarlas; pero no se acuerdan de los sufrimientos ajenos, ni remotamente piensan en remediar las necesidades del Prójimo. Este estado egoísta de su existencia no se obtiene nada provechoso; lo único que se consigue es agravar los sufrimientos.

Por otro lado, el deseo de vivir es muy grande ya que estamos apegados a las cosas materiales y al mundo sensorial. Por esto, de ninguna manera queremos morir, hay un miedo constante a la muerte, no queremos dejar de existir. Somos capaces de actuar mal  con tal de seguir vivos.

La causa más profunda de nuestros problemas y de nuestro sufrimiento es nuestra confusión acerca de varias cosas. Una de ellas tiene que ver con la causa y el efecto de nuestro comportamiento. Nos creemos las personas más importantes del mundo, el centro del universo. Por ello pensamos: “Todos deberían ponerme atención a mí. Sin importar cómo luzca, todos deberían pensar que soy atractivo y agradable”. Nos volvemos locos si alguien no piensa que somos atractivos o si no le gustamos. Nos vuelve aún más locos que alguien nos ignore (que no nos preste atención cuando nosotros quisiéramos que nos considerara atractivos, si no físicamente, al menos de alguna otra manera).

Pensamos que somos tan importantes y adorables que deberíamos gustarle a todos, y si no le gustamos a alguien pensamos que algo está mal con esa persona. O peor aún, empezamos a dudar de nosotros mismos: “Debe haber algo malo en mí porque no le gusto a alguien”, y entonces nos sentimos mal o culpables. Esto es ingenuidad pura. Lo que pasa es que somos esclavos del Ego.

Tenemos que liberarnos del Ego y lograr la iluminación que es conocimiento obtenido por intervención divina. Podemos empezar con la práctica diaria de buenas acciones. Así lidiaremos con nuestras dificultades de la vida momento a momento; es decir, con  nuestro modo equivocado de actuar.

Cuando ya no existan dentro de nosotros esos elementos egoístas que nos vuelven horribles y malvados, estaremos consiguiendo el verdadero despertar de la conciencia y la verdadera felicidad.

Consecuencias de nuestras malas acciones


Nuestros actos negativos perjudican a los demás y a nosotros mismos. Ello nos separa cada vez más de nuestro Ser Interior o Chispa Divina Particular.

Por la Ley de Acción y Consecuencia siempre tenemos que pagar por el mal que hacemos. Pero también tendremos que pagar por el bien que se deja de hacer, pudiéndose hacer.

Nuestras malas acciones (KARMA) nos producen dolor, el cual nos asegura la evolución de nuestra conciencia, pues sólo con dolor nos daremos cuenta de que debemos modificar nuestro mal comportamiento. El dolor producido por el KARMA es tan sólo para que aprendamos. Si hemos aprendido la lección de verdad, el dolor y el KARMA desaparecerán.

El castigo por un exceso de KARMA es dolor, el cual es como una medicina que nos aplican para que veamos nuestros mayores defectos, y proceder a eliminarlos a través de las buenas acciones y el despertar de nuestra conciencia..

Cómo liberarnos del karma


Estamos formados de parte material y parte bioenergética. Esta última también es llamada alma, espíritu, cuerpo etérico, etc.

Cuando cometemos gran cantidad de actos en contra de las leyes establecidas, como son: robar, hacer daño a alguna persona, o una situación en la cual levantamos falsos testimonios, envidiar posesiones o situaciones, el cometer fraudes o asesinatos, tendremos en nuestro campo bioenergético una gran cantidad de energía negativa que evitará que razonemos con claridad. Por lo tanto, no nos daremos cuenta de nuestros errores y los seguiremos cometiendo, evitando con esto que nuestra evolución siga adelante en forma equilibrada.

El karma, crea limitantes: miedo, trauma, falta de liderazgo, timidez, falta de carácter, falta de aprendizaje, dificultad para expresarse, y muchos otros. Pero es superable. Vivir con karma no es un fatalismo. Todos tenemos límites.

Podemos liberarnos del KARMA si eliminamos la causa de nuestros errores, de nuestra ira, de nuestra envidia, de nuestro orgullo, etc. Es el EGO, el cual está asociado con nuestros defectos psicológicos.

También podemos liberarnos del karma practicando buenas acciones (virtudes) que nos beneficien tanto a nosotros mismos como a los demás.

¿Qué es el Dharma?


Es ese conjunto de acciones que llevas a cabo para resarcir los daños que puedas haber causado a los seres de la Tierra a lo largo de todas tus encarnaciones. Es todo aquello que haces en nombre del amor por ti, por los demás y por el planeta.
El DHARMA es “dinero cósmico”. Así como en este plano físico podemos cancelar nuestras deudas con dinero, así también podemos pagar el karma con DINERO CÓSMICO o DHARMA y así nos libramos del dolor y el sufrimiento. Si La abundancia obras buenas nos da prosperidad y armonía en nuestras vidas. Entonces, podemos pagar el dolor que hemos causado a los demás de dos maneras: 1) con dolor en nosotros mismos, 2) haciendo buenas obras.

Las bases de la Ley Divina son la justicia y la misericordia. Eso quiere decir que, por más duro que parezca nuestro karma, podemos pagarlo con buenas acciones (DHARMA), y entonces no necesitaremos sufrir.

El Dharma expresa nuestra condición divina


Los valores (buenas acciones) mantienen el carácter de la persona, nutren la vida de uno, sostienen la dicha, dan significado a la vida e integran la sociedad. La capacidad de practicar valores nos diferencia del resto de seres.

La naturaleza esencial del hombre que sostiene su existencia es la capacidad de realizar buenas acciones. Es lo que distingue al hombre de todas las otras cosas. Esto manifiesta la divinidad que ya está dentro de él.

En el hombre, el color de la piel, las innumerables infinitas variedades de emociones y pensamientos – en pocas palabras la naturaleza, las condiciones y las capacidades del cuerpo, mente e intelecto – son los factores NO ESENCIALES en la personalidad humana. Su conciencia, que lo induce a realizar buenas acciones, es lo ESENCIAL de su existencia. Es la chispa divina de su existencia.

Expresamos nuestra condición divina cuando somos conscientes de nuestras obligaciones hacia nuestros parientes, amigos, la comunidad, nación y el mundo; nuestras obligaciones para nuestro ambiente, nuestras afecciones, reverencia, caridad; cuando tenemos buena voluntad.

Estar atentos para aumentar nuestro Dharma


Necesitamos poner especial atención en nuestras EMOCIONES PERTURBADAS. Es decir, en nuestros estados emocionales, nuestras motivaciones, nuestras actitudes, nuestros patrones compulsivos de comportamiento. La característica que define a una EMOCIÓN O ACTITUD PERTURBADA es que, cuando surge, nos hace sentir incómodos a nosotros y/o a los demás. Sentimos que algo anda mal. Perdemos la paz mental y no somos capaces de controlarnos.

Esto requiere que nos volvamos muy sensibles a lo que ocurre dentro de nosotros. Para cambiar nuestro estado emocional perturbado primero es necesario admitir que si actuamos de una forma perturbada y perturbadora generaremos mucha infelicidad tanto para nosotros como para los demás.

Enseguida podemos iniciar nuestro auto mejoramiento; pero, en este proceso, necesitamos evitar el extremo de auto preocupación egoísta. Cuando estamos preocupados sólo por nosotros mismos no prestamos atención a nadie más. Esto puede reforzar la sensación de que somos el centro del universo y de que nuestros problemas son los más importantes del mundo y que los problemas de los demás no son importantes ni dolorosos.

Tenemos libre albedrío y podemos hacer lo que queramos, pero todos nuestros actos, buenos o manos, tienen una consecuencia, bien a corto o a largo plazo. Por la Ley de Acción y Consecuencias, nada se pierde, nada se olvida, nada se puede esconder. Pero, como no recordamos lo que hemos hecho en otras vidas, creemos que las cosas nos ocurren «porque sí», «por casualidad». Y tendemos a creer erróneamente, que los actos que hemos realizado en esta vida (sean buenos o malos) no nos van a afectar. Lo cual es falso. Hay que estar atentos.

No nos desalentemos. El progreso espiritual nunca es lineal: sube y baja, sube y baja. Ocurre lo mismo en cada renacimiento. En un momento nos sentimos felices y al siguiente nos sentimos infelices. Nuestro estado de ánimo sube y baja. Ahora tenemos ganas de practicar buenas acciones, más tarde no tenemos ganas de practicar. De hecho, seguirá siendo así, pero seguiremos siendo mejores. Así que no hay que desanimarse si después de practicar buenas acciones por mucho tiempo de pronto siguen habiendo dificultades. De repente nos sentimos emocionalmente perturbados, ¡esto pasa! No significa que hayamos sido terribles practicantes. Es natural, dada la realidad de nuestra condición tendiente a reencarnarnos una y otra vez hasta lograr la perfección.

Cuando somos conscientes de todo esto durante nuestro esfuerzo por mejorar, ya no nos alteramos tanto cuando las cosas se ponen feas. Somos capaces de recuperarnos más rápidamente.

Hacia dónde nos conduce la práctica del Dharma


Las buenas acciones nos llevarán hacia Dios. Debemos, sin falla, llevar a cabo nuestras obligaciones hacia Él así como al mundo. El Dharma nos sirve cuando habitamos en nuestro cuerpo para lograr salud física, psicológica y espiritual. También nos sirve cuando dejamos de habitar en él. Cuando estamos en este mundo es mejor hacer lo que con el tiempo nos llevaría a un estado de paz y felicidad, tanto en esta vida con en las siguientes.

Somos capaces de tener una póliza de seguro de manera que nuestros parientes sean capaces de cuidarse cuando ya no estemos. Pero ¿no es mucho más importante asegurarnos de que seremos felices en nuestra vida después de la muerte? La práctica del Dharma es como un seguro de vida después de la muerte, ya que progresivamente nos conduce a la paz y felicidad eterna.

Consejos para practicar Dharma


El acto de comenzar a amarte a ti misma(o) como jamás lo has hecho es el primer paso para crear Dharma, ya que al quererte estás despertando tu amor por la humanidad y por la Tierra. El amor  contribuye a tu sanación y te ayuda a borrar paso a paso los dolorosos recuerdos, preparándote para las buenas acciones.

Una forma muy práctica de crear Dharma, es conocer, practicar y divulgar las enseñanzas acerca de Dios sobre la faz de la tierra. Ya que de esta manera, entregamos a las personas, las llaves para despertar (encontrarse a sí mismas), para conocerse, cambiar y vivir mejor.

Al crear Dharma no pensemos sólo en la vida terrenal. Recordemos que las buenas acciones ligan esta vida con las vidas futuras.

Para crear Dharma podemos practicar ritos. No importa que religión profesas. En el fondo, cada religión se refiere al mismo Dios. Cada religión tiene un repertorio de acciones permitidas y obligadas, al que es forzoso ajustarse. Cada individuo puede llegar a la perfección dentro de sus ritos particulares. De esta manera multiplicamos nuestra humildad, paciencia y serenidad. No contestamos con malas palabras; no tiranizamos al prójimo, no fastidiamos a los que nos rodean, sabemos comprender los defectos ajenos con una paciencia multiplicada. Así nos volveremos mejores.

Dharma y el Despertar


Nuestros ojos sólo han aprendido a ver lo que nos es PROPIO, lo que nos diferencia los  unos de los otros. Para llegar a la meta tenemos que seguir un proceso cuando vamos en busca de nosotros mismos. Dicha meta es estar completamente despiertos. Esto incluye ser sabios, y compasivos como Dios.

Afortunadamente, nuestra divinidad vive ya en cada uno de nosotros, como un potencial para despertar hacia la sabiduría y la compasión. Todos nacemos con una sabiduría interna. Pero todavía nos falta avanzar un largo trecho. Todavía necesitamos despertar hacia la sabiduría y la compasión que duerme dentro de lo más profundo de nuestro ser, porque despertar no es una situación rápida, es un proceso – y un proceso fluido además (con altas y bajas).

Con la práctica de buenas acciones seguimos ese proceso espiritual. Es recomendable practicar Dharma para hacer de nuestra mente y el mundo un lugar mejor donde vivir; para llegar a ser más despierto y consciente; para llegar a ser más sabio y más amador; para descubrir la naturaleza sabia de uno.

Si queremos despertar, nosotros debemos aprender de la experiencia, desear saborear la verdad directamente, y no estar satisfechos con lo que nos dicen nuestros SENTIDOS EXTERIORES normales. El sendero del despertar también es un camino de desarrollo de los SENTIDOS INTERIORES, una habilidad aguda para conocer y evaluar con la mente y el corazón. Agudizamos nuestros sentidos internos mediante la meditación y contemplación. El Dharma practicado todos los días es un camino de prueba tanto en el interior como en el exterior. Es tanto un camino empírico como un camino intuitivo. El Dharma es un camino de experiencia interna y externa.

Contemplación y meditación son diferentes actividades. Contemplación es un proceso de sentarse quieta y profundamente sondear un tópico para entenderlo mejor. Meditación involucra un enfoque y concentración menos complejo que la contemplación. El propósito de la meditación es calmar la mente y cuerpo y eventualmente experimentar el auténtico ser, la naturaleza divina que nosotros tenemos.

La clave es, poner la energía central de uno en una vida que da vueltas alrededor del despertar.

Siendo conscientes, estando realmente despiertos, nos mantenemos ENFOCADOS EN EL PRESENTE; no en el pasado. No estaremos en la tierra de la culpa, lamentación y venganza por lago ocurrido en el pasado. Tampoco estaremos pensando sin sentido acerca del futuro, una tierra de incertidumbre. El momento PRESENTE  con todo su potencial de belleza y oportunidad, es mucho mejor lugar para morar, y el único lugar en que realmente podemos estar para practicar buenas acciones, comprometido con el mundo alrededor de nosotros.

Seguir una religión


Con el paso de los siglos, el Dharma practicado por nuestros antepasados dio lugar a la religión.

Existen muchos estilos de conducta para hacer el bien ¿Cuál deberíamos seguir? Todos estamos inclinados en el estilo de conducta que nuestros grandes hombres han perseguido de generación en generación. Si ellos han tenido gran felicidad y bendición, sabremos con seguridad que ellos vivieron sin ninguna preocupación, a diferencia de la gente en nuestra propia generación que está siempre descontenta y envuelta en agitaciones y manifestaciones de toda especie. Todo lo que necesitamos hacer es seguir el buen estilo de conducta, ritos o religión que ellos practicaron. Esto es lo más aconsejable.

Tratar de crear NUEVAS normas de conducta para nosotros de manera precipitada, significaría problemas, Todo el tiempo seríamos martirizados por la duda acerca de si ello nos hará bien o si ello ocasionará el mal. Es mejor para nosotros seguir las buenas normas de conducta (Dharma) practicadas por los grandes hombres del pasado. Hagámoslo con fe y coraje inquebrantables, para ser recompensados con dicha duradera.

Mediante una buena religión que esté a favor de buenas acciones, podemos aumentar nuestro stock de virtudes. Se puede pensar en Dios incluso en el autobús o el tren mientras vamos a la oficina o algún otro lugar. Debemos limpiar nuestra mente. Instalar a Dios en él para estar en paz con nosotros mismos. Debemos dedicar al menos cinco minutos todos los días a la meditación y a la unión con Dios. Hagámoslo así aun cuando el mundo se destruye alrededor de nosotros. Es lo único que nos dará una mano ayudadora cuando el cosmos entero se disuelva.

Conclusión


  • Dharma es el conjunto de acciones relacionadas con las normas que todos los humanos conocemos por sentido común, y que son la base para una interacción humana armoniosa con lo que le rodea, incluso con Dios.
  • Mucha de la crisis global actual es a causa de que los seres humanos hemos abandonado la práctica del Dharma y buscado imponer nuestras creencias y deseos no sólo sobre otros seres humanos, sino en toda la vida y la naturaleza, subordinando el planeta entero para sus fines egoístas. A menos que retornemos al Dharma, es improbable que podamos florecer, o tal vez incluso sobrevivir como especie. Restaurar y revivir el Dharma, por lo tanto, es probablemente el problema más importante en la actualidad.
  • La verdadera disolución del Karma ocurre cuando eliminamos nuestro Ego.
  • Se debe trabajar siempre desinteresadamente con infinito Amor por la humanidad. Así compensaremos nuestras malas acciones. Veremos que nuestras circunstancias cambian en este mundo. Si no notas los cambios en esta vida, no te desanimes. De todos modos habrás acumulado Dharma que te favorecerá en vidas futuras.
  • En general no hay certeza acerca de la duración de la vida en nuestro mundo. La gente muere de todas las edades; no hay garantía de vivir largo tiempo. Tu cuerpo es extremadamente frágil, cosas pequeñas pueden dañarlo y causarle la muerte. Por lo tanto, hay que practicar el Dharma continuamente. Es una garantía de felicidad eterna.
  • Piensa que nadie ni nada te ayuda en el momento de la muerte, excepto el Dharma. La riqueza no te sirve cuando vas a morir, porque las posesiones materiales no te preparan para la muerte, carecen de la capacidad para acompañarte y brindarte paz y tranquilidad para el bien morir.
  • La fama y la reputación son incapaces de asegurarte una felicidad duradera en esta vida. Por grande y extensa que sea tu fama, ésta no te prepara para la muerte y ni te acompaña durante la transición del morir. Tus buenas acciones sí te preparan.
  • ¿Para qué obsesionarse con obtener bienes materiales mientras vives, creando a menudo karma negativo para conseguirlos? Lo único que te ayudará durante la difícil transición de la muerte será tu desarrollo espiritual ¿No vale más la pena cuidar tu Dharma, ya que es lo único que continuará contigo?