Necesitamos relacionarnos y elegimos con personas que, pensamos, nos van a ayudar. Lo hacemos para lograr nuestras metas y disfrutar de cierto grado de bienestar emocional.

Sin embargo, algunos de ellos complican nuestra vida, y nos pesa haberles confiado mucho de nuestra vida personal y profesional. ¿Cuál fue nuestro error?

Elegimos mal nuestra amistades porque pensamos que todos sentimos, pensamos  y reaccionamos casi igual. No es así.

Hay que tomar en cuenta que existen aquellos que tiene un estado emocional bajo. Ellos permanecen mucho tiempo en estado de aflicción tienden a autodestruirse con drogas alcohol, intentos de suicidio, etc.; no ven buen futuro, evaden sus responsabilidades y se muestran aburridos, inactivos y con remordimientos. Culpan a otros, exageran las dificultades y evaden o buscan salvadores, para no tener que actuar. Estas personas no con convenientes para darles nuestra confianza.

Al contrario, existen los de estado emocional alto. Son entusiastas, son responsables y alegres, dinámicos y originales, con apertura y facilidad para integrarse con otros son gente abierta a aprender de lo nuevo y no se detienen fácilmente ante las adversidades. Son buenos amigos que no se desalientan ni se detienen fácilmente.

Lo recomendable es, entonces observar las referencias anteriores al momento de elegir una persona de confianza. Así, sus vínculos serán más productivos, satisfactorios y duraderos.